Alimentación de perros y gatos mayores: qué cambia con la edad
A los perros y gatos mayores no hay que bajarles la proteína por sistema, esa recomendación está desactualizada salvo que exista una enfermedad renal diagnosticada. La evidencia actual muestra lo contrario: la mayoría necesita más proteína de calidad para frenar la pérdida de masa muscular (sarcopenia) propia de la edad, y en gatos mayores además suele hacer falta más energía, no menos.
Notas que tu perro o tu gato ya no es el mismo de siempre. Se cansa más rápido de lo habitual, ha perdido masa muscular en el lomo o en las patas, o simplemente ha cumplido años y te preguntas si deberías cambiarle el pienso a uno “para mayores”. Es una duda razonable, y la respuesta tiene más matices de los que suelen caber en la etiqueta de una bolsa de pienso senior.
¿Cuándo se considera “mayor” un perro o un gato?
No hay una edad única. En gatos, se suele hablar de senior a partir de los 7-11 años, y de geriátrico a partir de los 11-12. En perros, depende mucho del tamaño de la raza: uno grande puede entrar en la etapa senior a partir de los 5-8 años, mientras que uno pequeño no llega a esa categoría hasta los 10 años o más. La guía de referencia de la asociación americana de hospitales veterinarios (AAHA) define a un perro como senior cuando entra en el último 25% de su esperanza de vida estimada, que es justo lo que hace que varíe tanto según la raza.
Esto ya deja claro algo importante: la edad en años no es lo que determina si un animal necesita cambios en su dieta, es la etapa de vida real en la que está, que depende del tamaño y la especie.
El mito que hay que olvidar: “menos proteína para cuidarle los riñones”
Esta es, probablemente, la creencia más extendida sobre la alimentación en la vejez, y también la que más desactualizada está. Durante años se recomendó reducir la proteína en perros y gatos mayores de forma preventiva, pensando que así se protegían los riñones antes de que hubiera algún problema.
La evidencia actual no respalda esa práctica. Según la revisión más reciente sobre nutrición en pacientes senior, no hay pruebas de que restringir la proteína de forma preventiva aporte ningún beneficio, y esa restricción solo está indicada cuando ya existe una enfermedad renal crónica diagnosticada. Fuera de ese caso concreto, los animales mayores no solo no necesitan menos proteína, sino que las guías de la AAHA de 2023 señalan que los animales senior, sobre todo los gatos, pueden llegar a necesitar hasta un 50% más de proteína que un adulto para frenar la pérdida de masa muscular.
Dicho de otra forma: pasar a un pienso “senior” pensando que es automáticamente más bajo en proteína, y que eso es bueno, puede ir justo en la dirección contraria a lo que ese animal necesita.
Para dar una referencia concreta: las guías de referencia hablan de necesidades de en torno a 2,5 gramos de proteína por kilo de peso al día en perros adultos sanos, y de unos 5 gramos por kilo en gatos, cifras que tienden a subir, no a bajar, en la etapa senior. Un estudio encontró además que aumentar específicamente el aminoácido lisina en la dieta, más allá de la cantidad total de proteína, ayudaba a reducir la pérdida de masa muscular en gatos mayores, lo que sugiere que no solo importa cuánta proteína se da, sino de qué calidad y composición es.
¿Por qué se extendió tanto la idea de bajar la proteína?
Parte de la explicación es que la restricción de proteína sí es una herramienta real y útil, pero para un problema distinto: el manejo de la enfermedad renal crónica ya diagnosticada, donde reducir la carga de trabajo sobre el riñón tiene sentido clínico. Con el tiempo, esa recomendación específica para un problema concreto se generalizó, en la práctica y en el marketing de muchos piensos “senior”, a “todos los animales mayores necesitan menos proteína”, sin que la evidencia respaldara ese salto. Es un patrón parecido al que ocurre con otras modas nutricionales: una recomendación válida para un caso concreto termina aplicándose a todos por precaución, aunque la ciencia nunca haya dicho eso.
Sarcopenia: la pérdida de músculo que no siempre se ve
El término técnico para la pérdida de masa muscular asociada a la edad, sin que exista una enfermedad de base, es sarcopenia. Es distinta de la caquexia, que es la pérdida de masa muscular por una enfermedad grave (renal, cardíaca, tumoral), y que suele ser más rápida y severa.
La sarcopenia afecta tanto a perros como a gatos, aunque parece tener más peso clínico en gatos: un gato geriátrico puede llegar a tener un tercio menos de masa muscular que un gato joven, con hasta un 33% de pérdida entre los 10 y los 15 años según estudios de referencia.
Lo que hace que este problema pase desapercibido con frecuencia es que puede convivir con el sobrepeso. Un animal con sobrepeso y sarcopenia a la vez puede parecer que “está bien de peso” en la báscula, cuando en realidad está perdiendo músculo y ganando grasa al mismo tiempo. Esto es relevante porque el sobrepeso es frecuente en mascotas mayores: distintos estudios sitúan la cifra de perros con sobrepeso u obesidad en torno al 60-65%, y en gatos varía según el país, pero también es una proporción alta.
Las estrategias nutricionales que se usan para frenar la sarcopenia no se limitan a subir la proteína sin más: suelen combinar proteína de alta calidad y bien repartida a lo largo del día, ácidos grasos omega-3, vitamina D y, en algunos casos, probióticos. Repartir la proteína en varias tomas a lo largo del día, en vez de concentrarla en una sola comida, también parece ayudar a aprovecharla mejor, según investigación reciente en este campo.
Perros y gatos no envejecen de la misma manera
Aquí está uno de los matices que menos se explican, y es clave para no aplicar la misma receta a las dos especies:
- En los perros, el gasto energético suele reducirse con la edad, hasta en un 25% según algunas estimaciones. Esto significa que muchos perros mayores necesitan menos calorías totales, pero sí más proteína en relación a esas calorías, para no perder músculo mientras comen menos en general.
- En los gatos, no ocurre esa misma reducción del gasto energético. De hecho, muchos gatos geriátricos tienen una capacidad digestiva reducida (hasta un tercio de ellos digiere peor la grasa, y una quinta parte digiere peor la proteína), así que pueden necesitar más energía y más proteína en la dieta, no menos, para compensar esa pérdida de eficiencia digestiva.
Esta diferencia explica por qué un pienso senior genérico, pensado para “animales mayores” en general, rara vez es la solución óptima para ambas especies a la vez.
Cuándo sí tiene sentido bajar la proteína
Para que quede claro, porque no se trata de irse al extremo contrario: si tu perro o tu gato tiene un diagnóstico confirmado de enfermedad renal crónica, ahí sí está indicado ajustar (no necesariamente eliminar) la proteína, siempre de forma pautada por un veterinario, ya que el objetivo pasa a ser reducir la carga de trabajo sobre unos riñones ya dañados. Es una decisión clínica caso por caso, no una precaución general que aplicar a cualquier animal que cumple años.
La reducción de proteína en la dieta debe individualizarse y basarse en la cantidad de proteína que comía anteriormente el animal, asegurándose siempre de llegar a los requerimientos mínimos de aminoácidos. Por ejemplo, no es lo mismo un perro con enfermedad renal crónica que antes comía una dieta natural cocinada equilibrada con un 60% de proteína en materia seca, que un perro que come un pienso seco con un 28% de proteína en materia seca. En el primer caso, se reducirá la proteína inicialmente a un 40-45% en materia seca, y en el segundo caso habrá que hacer una restricción hasta un 20-22% en materia seca. Es importante no hacer una reducción brusca, ya que el metabolismo de cada animal está acostumbrado a distintos aportes de proteína, y conviene siempre hacer revisiones periódicas hasta llegar a una situación estable.
Otras señales que conviene vigilar en la edad avanzada
Además de la proteína, hay varios cambios que sí conviene revisar en un chequeo senior:
- Estado dental: el dolor al masticar es una causa frecuente de que un animal mayor coma menos o rechace el pienso duro.
- Hidratación: especialmente en gatos, mantener un buen aporte de agua (con comida húmeda si hace falta) ayuda a la función renal, que suele ser más vulnerable con la edad.
- Apetito y peso: tanto la pérdida de peso como el aumento merecen seguimiento, no solo el sobrepeso.
- Movilidad y articulaciones: los ácidos grasos omega-3 se usan con frecuencia como apoyo nutricional en animales con molestias articulares propias de la edad.
- Función cognitiva: cambios de comportamiento, desorientación o alteraciones del sueño pueden tener un componente relacionado con el envejecimiento cerebral, y merece la pena comentarlo en la consulta, no asumir que es “normal por la edad” sin más.
Qué hacer en la práctica
Ninguno de estos ajustes se hace bien a base de cambiar de bolsa de pienso por intuición. Lo que marca la diferencia en esta etapa es una valoración real: calcular si ese animal concreto necesita más o menos energía, cuánta proteína de calidad, y si hay algún comorbilidad (renal, articular, dental) que cambie las prioridades. La Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (WSAVA) considera la valoración nutricional el “quinto signo vital” en cualquier revisión clínica, precisamente porque suele quedar en segundo plano frente a otros temas de salud.
Si quieres que revisemos juntas si la alimentación actual de tu perro o tu gato mayor se ajusta a lo que necesita en esta etapa, esa valoración es exactamente el primer paso de una consulta de nutrición.
Preguntas frecuentes
¿A partir de qué edad necesita mi perro un pienso “senior”? Depende de la situación nutricional anterior y del tamaño: en razas grandes puede ser a partir de los 5-8 años, en razas pequeñas no suele llegar hasta los 10 años.
¿Es verdad que hay que bajarle la proteína a un perro o gato mayor? No, salvo que tenga una enfermedad renal diagnosticada o alguna otra patología donde esté indicado reducir la cantidad de proteína. La evidencia actual muestra que la mayoría de los animales mayores necesita mantener o incluso aumentar la proteína de calidad para frenar la pérdida de masa muscular.
¿Por qué mi gato mayor parece tener menos músculo aunque no ha adelgazado? Puede tratarse de sarcopenia conviviendo con sobrepeso: el animal pierde músculo y gana grasa a la vez, así que la báscula sola no siempre refleja lo que está pasando. Conviene valorar la condición corporal, no solo el peso.
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